El Greco y Toledo

 

Toledo y El Greco

El misticismo controversial en los cuadros de El Greco, y las obras de algunos escritores e historiadores han contribuido a la difusión de la imagen de Toledo.  Doménikos Theotokópoulos, El Greco, fue pintor, escultor, y arquitecto que creó obras para dar vida a la ciudad que se encontraba alrededor de él, durante su vida en Toledo. Él y otros artistas, escritores, e historiadores utilizan los aspectos del ser humano para exaltar y personificar la ciudad, y su gente.

Pedro Laín Entralgo, en su obra, Diseño de Alzado, describe las entidades que ayudan a construir la ciudad de Toledo. Nos manda a imaginarnos en el mismo tiempo en lo cual vivió El Greco. Los años que lleva Toledo representan siglos de cultura, arquitectura, y gente diferente, los cuales, sobre todo, han agregado una personalidad a la ciudad. En el texto, Entralgo describe Toledo usando tres aspectos principales de la ciudad: la roca, el agua, y la luz. El texto dice que la roca es la materia que da solidez a la naturaleza toledana. La roca, entonces, es como el cuerpo de una persona, y el río como la sangre. El texto también dice que “esa constante aspiración dinámica de lo inerte hacia lo vivo es tal vez el carácter primario del agua toledana, agua que corre y canta, que se va y acompaña,” la cual significa que estos dos aspectos trabajan juntos para dar la vida a la bella ciudad. Como la piel y la sangre de un ser humano, la roca y agua son lo mismo para Toledo. El último aspecto es la luz y el color de la ciudad. Entralgo dice que el sol, y la luz, transfiguran el cuerpo de Toledo y éste se hace, más allá del fondo de nuestra retina. Mauricio Barres abunda en este aspecto en su obra Secreto de Toledo al explicar que “Los últimos rayos solares, que pasan por encima de la Sierra, lo iluminan con un resplandor amarillento… Muy pronto las montañas se recortan sobre n cielo rojo que inflama a la ciudad.” Esta explosión de color representa el alma de la ciudad. La luz da vida a Toledo y la instila con la pasión, el amor, y la consciencia. Barres explica que básicamente alguien necesitaría un alma tan apasionada para aprender y fijar en un segundo la mutabilidad del cielo, de las tierras, de los edificios, y en sus remolinos, al Tajo.

Mauricio Barres en su obra, Secreto de Toledo, describe la ciudad como una entidad viva, con características de un amante y amigo durante varios años de descubrimiento toledano. Él nos recuerda que él vive en la misma ciudad en la cual vivió El Greco. Este aspecto de la ciudad teniendo los aspectos de un ser humano relata la inquietud de la ciudad. Pio Baroja dice en su obra El entierro del Conde de Orgaz que su personaje principal no podía orientarse nunca, aunque había estado varias veces en él. En la obra de Barres, él dice que “queda en el aire un cierto desasosiego, una cierta inquietud, un cierto misterio.” No hay aspectos fijos que representan esta inquietud, pero se puede decir que se basa en sus calles, que por ser como un laberinto, que una persona se puede volver loco al estar en Toledo por tanto tiempo. Hoy en día, hay un lema que se usa que dice “#Toledo Enamora;” este lema viene del hecho que una persona puede enamorarse con la ciudad y volverse loca adentro de sus muros, y que estas dos acciones pueden ser casi lo mismo. Al describir la ciudad como persona, en el párrafo anterior, este aspecto tiene más sentido. Una persona puede enamorarse de la ciudad y volverse loco porque Toledo tiene una cierta energía, representada por el cuerpo, la sangre, y el alma de esta. Así como Mauricio Barres escribió acerca del Secreto de Toledo, y de cómo la ciudad enamora, y enloquece, así mismo otros han hablado de las controversiales expresiones en los rostros en las obras de el Greco.

Muchos artistas, historiadores, y entendidos en la materia han escrito acerca de las expresiones de los rostros en las pinturas del Greco. El médico, humanista, historiador y ensayista, Gregorio Marañón en su libro El Greco y Toledo, escribió lo que el mismo título, “La hipótesis de la locura”, en donde hace referencia a la conducta y pensamiento de los hombres. Marañón dice que los intelectuales consideraban normales a los individuos que se ajustan a unas pautas determinadas, creadas por un convenio tácito, refrendado por leyes y reglamentos. Gregorio Marañón denominó a estos seres grises, y dice que el límite de la normalidad no termina donde acaba lo gris, sino mucho más allá. A los que traspasan los limites se les condena de tener un toque de locura, o de conducta antisocial, y dice que en este grupo se asocian santos, y grandes creadores a los que se les juzgaba de extravagantes o dementes.

La extravagancia en las pinturas del Greco despertó sospechas de locura. Algunos llegaron a afirmar que el pintor sufría de alucinaciones mentales. En respuesta a esto, Marañón dice que cita a propósito en su libro a Santa Teresa, quien al igual que el Greco vivió en Toledo, pero por una temporada, y quien fue diagnosticada de diversas neurosis y psicopatías, El escritor dice que Santa Teresa y el Greco, sin conocerse coincidían “Entre en desatino por amor de Dios de la santa, y el desatino de algunas pinturas del Greco, que son también embriaguez de divinidad.” También afirma que el historiador Galdós informó que el Greco en sus últimos años no firmaba los documentos de sus pleitos y contratos, sino su hijo, lo que sugiere “que estaban alteradas sus condiciones mentales.”

Muchos psiquiatras dieron diferentes diagnósticos al pintor Cretense, por la extravagancia y excentricidad de sus pinturas. Gregorio Marañón dice que “el ambiente de Toledo era propicio a esta semilocura.”

“Los modelos de los enajenados,” es otro tema tratado por Marañón en su libro. Dice que “A él le interesaba tratar de encontrar los enajenados del Toledo actual.” Marañón buscaba en los Toledanos del siglo XX, por una parte, los rasgos raciales de los que convivieron con el Greco, en el siglo XVI, y XVII, y por otra, la expresión de “Arrebatado misticismo,” de los modelos que usó el pintor en sus obras, y quienes para muchos eran los dementes de Nuncio Viejo.  Gregorio Marañón concluye que los personajes del Toledo de la época del Greco, y los del Nuncio Viejo, son idénticos a los de la población del Nuncio Nuevo, y a las de agrupaciones de seres que circulan por las calles toledanas.

El escritor afirma que “Un hombre normal puede reunir las características externas para ser modelo de un santo, pero, el fuego espiritual el temblor del alma exaltada, sólo en la humanidad que habita tanto en el Nuncio como en cualquier manicomio se puede encontrar la Expresión de heroísmo y de santidad en los que se creen héroes o santos.” Para reafirmar su opinión, Marañón cita entre otros ejemplos a los modelos de las vírgenes y los ángeles, que el Greco utilizó en sus pinturas. Dice que en estas caras se puede ver reflejados los rasgos raciales de las tres culturas habitantes en Toledo. En cuanto a las expresiones de los apóstoles y santos, este dice que son las expresiones de los enajenados. Pues solo estos en medio de su locura, pueden reflejar el misticismo, la inocencia y santidad, que se encuentra en los rostros de las pinturas de El Greco.

Desde hace varios siglos, muchos han descrito el encanto, la arquitectura, y la gente de Toledo. El Greco con los colores extravagantes y los rostros de los santos con su expresión de “arrebatado misticismo,” como lo dijo Gregorio Marañón, y la obra Vista y Plano de Toledo, por su especial relevancia y rareza, nunca antes vista en España. Pedro Laín Entralgo, con su comparación de Toledo con la roca, la luz y el agua, Mauricio Barres, quien dice que Toledo es una entidad viva, y Gregorio Marañón, quien en su libro El Greco y Toledo busca desentrañar el mensaje que el pintor plasmó en sus pinturas, así como hacer viajar al lector en el tiempo y ubicarse en los siglos XVI y XVII, en la época en que el Greco, Santa Teresa y otros vivieron en la ciudad, para descubrir el secreto de esta que hace que quienes lleguen allí se enamoren. Todos ellos con sus obras enaltecen y promocionan la ciudad de Toledo.

 

 

La religión en las leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer

 

El impacto literario de las leyendas becquerianas se basa en un método narrativo en donde las creencias religiosas están relacionadas con la tentación, el pecado, y el castigo. Las visiones y el sentimiento de atracción desenfrenada de los personajes masculinos de las leyendas becquerianas subyugan la voluntad de estos personajes, y los lleva a su destrucción. Por otro lado, algunas de las leyendas por Gustavo Adolfo Bécquer como El beso y La ajorca de oro demuestran que la belleza angelical de los personajes femeninos hace que la pasión se apodere del corazón de los hombres y los haga actuar en contra de su razón.

El escritor español del siglo XIX, Gustavo Adolfo Bécquer, nació en Sevilla en 1836, y murió a la edad de 34 años. Escribió entre otras, 86 rimas, y 28 leyendas que muestran un enfoque romántico que se puede ver en los temas como el amor imposible, el misterio, y lo sobrenatural. Otro tema que se ve reflejado en las leyendas de La ajorca de oro y El beso es el de la religión en la Época Medieval española. Bécquer está basando estas leyendas en las creencias religiosas medievales, en donde la mujer personifica la tentación, la ajorca y el beso, el pecado, y como castigo estos hombres son condenados a la locura o la muerte.

Este es el caso de Pedro Alfonso de Orellana, un personaje masculino valiente en la Ajorca de oro, quien roba la ajorca de oro de la Virgen de Sagrario con tal de complacer a su amada, María Antúnez, y así poder conquistar su corazón. En el momento en que la roba, es tal el sentimiento de culpa, que lo hace ver fantasmas que se levantan de sus tumbas y vienen a cobrarle su ofensa.  La tentación del supersticioso Pedro, en esta leyenda, deriva de la belleza angelical que María utiliza como arma para controlarlo. La primera línea en la leyenda dice “Ella era hermosa, hermosa con esa hermosura que inspira el vértigo… es sobrenatural; hermosura diabólica, que tal vez presta el demonio a algunos seres para hacerlos sus instrumentos en la tierra.”  Aunque María no le pide nada directamente, su belleza fue todavía una fuente de persuasión.

Ella tiene las características de un ángel y las influencias poderosas del diablo. El pecado de Pedro consiste en robar para su amada la ajorca de la Madre de Dios en la catedral de Toledo. Durante el robo, el miedo invade la mente del joven enamorado a causa del sacrilegio que ha cometido, y paga su pecado al volverse loco, lo que es su castigo. La cita, “ya no pudo resistir más. Las sienes le latieron con una violencia espantosa; una nube de sangre oscureció sus pupilas; arrojó un segundo grito, un grito desgarrador y sobrehumano, y cayó desvanecido sobre el ara” demuestra que la catedral y la religión se defendieron contra Pedro y su sacrilegio.  Bécquer utiliza aspectos relacionados a la iglesia en La ajorca de oro para incorporar etapas de tentación, pecado, y castigo, las cuales se pueden ver también en otras leyendas becquerianas, como El beso.

Jordi Jové, en su libro, La fantasía romántica de las leyendas de Bécquer, dice que “Los personajes becquerianos sienten un impulso de irrealidad que lo arrastra a su perdición, y finalmente a la muerte” (p. 168). Este es el caso del capitán francés en la leyenda El beso, quien estando alojado en la iglesia-convento del Carmen Alzado de Toledo, y en medio del cansancio y bajo la influencia del alcohol, cree ver en doña Elvira de Castañeda, a la mujer de sus sueños. La hermosura sin igual de esta mujer de piedra lo hace ver espejismos. El capitán cree que ella lo llama y que quiere que la bese. Bécquer en esta leyenda una vez más hace alusión a la mujer como objeto tentador.

Jové, en una explicación acerca del carácter misterioso, y fantástico nos dice que son “estímulos sensoriales de sueños y visiones, imágenes oníricas, provocadas por el cansancio, la juventud, el amor y la poesía, que están destinadas a la evasión de la realidad.” En cuanto el pecado, Bécquer muestra en el capitán a un hombre obsesionado por darle un beso a una mujer de piedra, para calmar la pasión que le consume, profanando así la tumba en donde yacen los cuerpos de doña Elvira y su esposo. El capitán recibe como castigo a semejante ofensa, un golpe en la cara, con un guante de piedra por parte del esposo, provocándole la muerte.

Los protagonistas de estas leyendas muestran su amor enfermizo hacia la belleza de la mujer como Pedro Alfonso de Orellana en La ajorca de oro, y el capitán en la leyenda El Beso.  Las leyendas becquerianas muestran un estereotipo en los personajes masculinos, que son hombres enamorados, valientes, y fuertes. Mientras que los personajes femeninos son todo lo opuesto; son personajes con la hermosura angelical, como Doña Elvira de Castañeda, en El Beso y María Antúnez, en La ajorca de oro, quien es también caprichosa, vanidosa, y manipuladora. Pere Rovirá escribió en su ensayo sobre Bécquer, La casa fantástica, y dice que “Los personajes masculinos becquerianos siguen los impulsos de corazón, y dejan a un lado la razón y el miedo.” Es por eso que sucumben ante la presencia de una mujer hermosa, bien sea de carne y hueso, o de piedra. Esta cita coincide con el método que se usa por Bécquer. La tentación que es personificada por la mujer que con su belleza está siempre tentando al hombre, y cubriendo su yo interior, de maldad, y capricho. El pecado está simbolizado por el cuerpo del delito, como es el robo de la ajorca y el beso del coronel, y el castigo está representado con la locura de Pedro y la muerte del coronel. El método que usa Bécquer de relacionar la religión con la tentación, el crimen y el pecado, es la causa del impacto literario en sus leyendas.

Cómo es ser niño en Toledo, España

Cómo es ser niño en Toledo, España
Juan Diaz Gomez
10 años

¡Cómo se puede ver, Juan es un niño muy normal! Hace las mismas cosas como un niño en los Estados Unidos. Juega con juguetes, ve la televisión, y explora el mundo afuera. Además, le gusta pasar tiempo con sus amigos, practicar la música, y jugar con su Tablet. Una gran diferencia entre la vida de los niños de los Estados Unidos y Toledo es que como estudiantes no tienen taquillas y que sus maestros van de aula a aula después de que se acaba una clase. Sobre todo, los niños son casi lo mismo en los dos países.