“La ajorca de oro”- Gustavo A. Bécquer

Un vídeo de Andrés Cruz Medina y Alejandro Pérez García sobre La Catedral Primada de Toledo y la leyenda de “la ajorca de oro” de Gustavo Alonso Bécquer. Incluido un ensayo sobre la función de las estatuas en estas leyendas.

Los límites divinos: el orden en las estatuas

            En la leyenda, “La ajorca de oro”, la función de las estatuas en las leyendas de Gustavo Alfonso Bécquer es mantener límites sobre la humanidad al imponer formas de justicia sobrenaturales desde el punto de vista del Romanticismo. El primer ejemplo de esta situación es, cuando Pedro el caballero andante, mira hacia las estatuas y siente el temor de sus miradas cuando camina hacia la Virgen del Sagrario para coger la ajorca de oro. La segunda situación aparece en los cambios de expresión de la Virgen en el antes y el después de tomar la ajorca de oro. Finalmente, al tomar la ajorca y abrir los ojos, ser rodeado por todas las estatuas de la iglesia y ser encontrado por la mañana hablando locuras.

En la parte en la Pedro mira a las estatuas tomar vida, ésta representa como Bécquer hace uso de la imaginación, y como a las estatuas se les representa como guardianes que aguardan las cosas sagradas de la iglesia. Pero en mi opinión, las estatuas no cobraron vida, sino que, éstas cobraron vida gracias al fruto de la imaginación de Pedro y, a la misma vez, el miedo que pedro siente al estar en un lugar sagrado, lleno de tumbas de caballeros, obispos y reyes caídos. También, cuando María le dice a Pedro que la virgen que tiene la ajorca, es la Virgen del Sagrario él entra en terror y se puede notar el miedo o respeto que tiene hacia esa virgen. Claro, en la leyenda se habla de él, como un caballero muy valiente, en pocas palabras, un macho hecho y derecho, pero al estar dentro de la iglesia esa gallardía de tal cual caballero, no se hace notar en sus actos. Definitivamente, el amor hace que Pedro, se llene de valor, y se atreva a decirle a María que él le dará esa cosa que tanto anhela. Pero volviendo a los de las estatuas, también se puede decir que cobran vida gracias a la divinidad de Dios, y que es él el que hace que éstas cobren vida para resguardar la propiedad de la iglesia. Bécquer en sus otras obras hace uso de la simbología, por ejemplo, en la leyenda El Beso, Bécquer utiliza a las estatuas para castigar a los humanos que no respetan lo ajeno y sagrado que hay dentro de la casa de Dios, en este caso, las iglesias o catedrales. El uso de las estatuas en las leyendas de Bécquer, nos enseñan que éstas están allí para proteger los bienes que allí se encuentren, claro, pero también, para guardarles respeto por lo que fueron o por lo que ahora representan.

Los cambios de expresión de la virgen son de importancia, porque éstos, son muestra de cómo la Virgen del Sagrario se muestra al principio y ésta cambia de expresión más adelante. Al principio, se muestra a la virgen muy iluminada por una luz, que esta luz, puede ser representación de la divinidad de la misma. También, se le atribuye una sonrisa que inspira bondad y tranquilidad. En la leyenda se le describe así, “Sólo la Reina de los cielos, suavemente iluminada por una lámpara de oro, parecía sonreír tranquila, bondadosa y serena en medio de tanto horror”. Pero rápidamente esa sonrisa cambio, a una sonrisa temible, de esas sonrisas que se ven en las películas de terror. Este fue el motivo por el cual, Pedro entró en pánico. Como había dicho anteriormente, esto demuestra el enojo de estos objetos sagrados hacia el hombre corrompido por las garras del amor a lo ajeno. La leyenda describe el cambio inmediato de la virgen así, “Sin embargo, aquella sonrisa muda e inmóvil que lo tranquilizara un instante concluyó por infundir temor, un temor más extraño, más profundo que el que hasta entonces había sentido”.

Pedro ya teniendo la prenda en su mano, no quería abrir los ojos, esto es prueba absoluta de que él tenía miedo, un miedo que un caballero, si es que fuese un caballero de guerra, no mostraría en una situación como en la que estaba metido Pedro. He aquí donde Bécquer hace uso del Romanticismo, porque hace uso de lo sobrenatural, para poder darle a su obra un toque más tenebroso, y así mismo, hacer uso de la imaginación del lector par que él o ella misma, a su juicio logren una viva descripción de lo que vivió Pedro en ese preciso momento en el que logra abrir sus ojos. La manera de darnos a detalle el movimiento de cuerpo que Pedro muestra al estar dentro de la iglesia, nos da una idea más viva de lo que está pasando dentro de la catedral. Esos movimientos, temblorosos o más bien como los describe Bécquer, “sus dedos crispados la oprimían con una fuerza sobrenatural”. No cabe duda, de que, este detalle que nos da de Pedro es escalofriante para el lector mismo. Pues uno solo empuña la mano de esa manera cuando no encuentra salida, o hay temor por dentro o coraje. En el instante en que Pedro logra abrir los ojos, él pega un grito desesperado. Esto pudo haber sido que ya con tanta desesperación y miedo en sus entrañas, su subconsciente lo orilló al terror, a lo que presentía que iba a pasar, en este caso se dio cuenta que las estatuas ya habían cobrado vida y lo estaban rodeando para poder quitarle la ajorca. Pero esto sólo es producto de la imaginación que uso Bécquer en su personaje para ir más allá de lo normal, en este caso, lo sobrenatural, sin rebasar la razón misma.  Todo esto, es producto de la imaginación, de los personajes, pero también del narrador, que nos quiere hacer creer que lo sucedido fue un hecho real, pero no es nada más, que un mito.

Al último, Pedro es encontrado en la catedral tirado, pues él ya había enloquecido por las cosas sobrenaturales que vivió la noche anterior y su mente no fue capaz de diferenciar entre lo real y lo ficticio producto de un subconsciente lleno de cosas fuera de la realidad. Por supuesto, al ver tumbas, estatuas y demás, uno empieza a imaginar cosas que no son, y esto se debe a que desde niños se nos ha educado con ese tipo de leyendas de terror para así obedecer o tener respeto a un símbolo o imagen religioso. Algo muy curioso, es que cuando Juana, una de las profesoras de la universidad nos dio el recorrido, ella añadió, que a María se le había preguntado que, si conocía a Pedro, pero ésta respondió, que no. Esta parte, no está incluida en el texto que Bécquer escribió, pero es un dato muy curioso que pudo haber olvidado escribir Bécquer sobre la leyenda, porque claro estas no son sus leyendas, si no que él fue el encargado de publicarlas.

En conclusión, la función de las estatuas en las leyendas de Bécquer ponen un límite sobrenatural hacia la humanidad. Como hemos mencionado el temor que le causa la mirada de las estatuas a Pedro. El cambio de expresiones de la Virgen al saber que le están quitando algo que le pertenece a ella y al final cuando las estatuas toman la justicia en sus propias manos al hacer que el miedo de Pedro lo haga loco. Se puede decir que a la iglesia esto causó una satisfacción para que la gente le temiera al poder divino.

 

 

La religión en las leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer

 

El impacto literario de las leyendas becquerianas se basa en un método narrativo en donde las creencias religiosas están relacionadas con la tentación, el pecado, y el castigo. Las visiones y el sentimiento de atracción desenfrenada de los personajes masculinos de las leyendas becquerianas subyugan la voluntad de estos personajes, y los lleva a su destrucción. Por otro lado, algunas de las leyendas por Gustavo Adolfo Bécquer como El beso y La ajorca de oro demuestran que la belleza angelical de los personajes femeninos hace que la pasión se apodere del corazón de los hombres y los haga actuar en contra de su razón.

El escritor español del siglo XIX, Gustavo Adolfo Bécquer, nació en Sevilla en 1836, y murió a la edad de 34 años. Escribió entre otras, 86 rimas, y 28 leyendas que muestran un enfoque romántico que se puede ver en los temas como el amor imposible, el misterio, y lo sobrenatural. Otro tema que se ve reflejado en las leyendas de La ajorca de oro y El beso es el de la religión en la Época Medieval española. Bécquer está basando estas leyendas en las creencias religiosas medievales, en donde la mujer personifica la tentación, la ajorca y el beso, el pecado, y como castigo estos hombres son condenados a la locura o la muerte.

Este es el caso de Pedro Alfonso de Orellana, un personaje masculino valiente en la Ajorca de oro, quien roba la ajorca de oro de la Virgen de Sagrario con tal de complacer a su amada, María Antúnez, y así poder conquistar su corazón. En el momento en que la roba, es tal el sentimiento de culpa, que lo hace ver fantasmas que se levantan de sus tumbas y vienen a cobrarle su ofensa.  La tentación del supersticioso Pedro, en esta leyenda, deriva de la belleza angelical que María utiliza como arma para controlarlo. La primera línea en la leyenda dice “Ella era hermosa, hermosa con esa hermosura que inspira el vértigo… es sobrenatural; hermosura diabólica, que tal vez presta el demonio a algunos seres para hacerlos sus instrumentos en la tierra.”  Aunque María no le pide nada directamente, su belleza fue todavía una fuente de persuasión.

Ella tiene las características de un ángel y las influencias poderosas del diablo. El pecado de Pedro consiste en robar para su amada la ajorca de la Madre de Dios en la catedral de Toledo. Durante el robo, el miedo invade la mente del joven enamorado a causa del sacrilegio que ha cometido, y paga su pecado al volverse loco, lo que es su castigo. La cita, “ya no pudo resistir más. Las sienes le latieron con una violencia espantosa; una nube de sangre oscureció sus pupilas; arrojó un segundo grito, un grito desgarrador y sobrehumano, y cayó desvanecido sobre el ara” demuestra que la catedral y la religión se defendieron contra Pedro y su sacrilegio.  Bécquer utiliza aspectos relacionados a la iglesia en La ajorca de oro para incorporar etapas de tentación, pecado, y castigo, las cuales se pueden ver también en otras leyendas becquerianas, como El beso.

Jordi Jové, en su libro, La fantasía romántica de las leyendas de Bécquer, dice que “Los personajes becquerianos sienten un impulso de irrealidad que lo arrastra a su perdición, y finalmente a la muerte” (p. 168). Este es el caso del capitán francés en la leyenda El beso, quien estando alojado en la iglesia-convento del Carmen Alzado de Toledo, y en medio del cansancio y bajo la influencia del alcohol, cree ver en doña Elvira de Castañeda, a la mujer de sus sueños. La hermosura sin igual de esta mujer de piedra lo hace ver espejismos. El capitán cree que ella lo llama y que quiere que la bese. Bécquer en esta leyenda una vez más hace alusión a la mujer como objeto tentador.

Jové, en una explicación acerca del carácter misterioso, y fantástico nos dice que son “estímulos sensoriales de sueños y visiones, imágenes oníricas, provocadas por el cansancio, la juventud, el amor y la poesía, que están destinadas a la evasión de la realidad.” En cuanto el pecado, Bécquer muestra en el capitán a un hombre obsesionado por darle un beso a una mujer de piedra, para calmar la pasión que le consume, profanando así la tumba en donde yacen los cuerpos de doña Elvira y su esposo. El capitán recibe como castigo a semejante ofensa, un golpe en la cara, con un guante de piedra por parte del esposo, provocándole la muerte.

Los protagonistas de estas leyendas muestran su amor enfermizo hacia la belleza de la mujer como Pedro Alfonso de Orellana en La ajorca de oro, y el capitán en la leyenda El Beso.  Las leyendas becquerianas muestran un estereotipo en los personajes masculinos, que son hombres enamorados, valientes, y fuertes. Mientras que los personajes femeninos son todo lo opuesto; son personajes con la hermosura angelical, como Doña Elvira de Castañeda, en El Beso y María Antúnez, en La ajorca de oro, quien es también caprichosa, vanidosa, y manipuladora. Pere Rovirá escribió en su ensayo sobre Bécquer, La casa fantástica, y dice que “Los personajes masculinos becquerianos siguen los impulsos de corazón, y dejan a un lado la razón y el miedo.” Es por eso que sucumben ante la presencia de una mujer hermosa, bien sea de carne y hueso, o de piedra. Esta cita coincide con el método que se usa por Bécquer. La tentación que es personificada por la mujer que con su belleza está siempre tentando al hombre, y cubriendo su yo interior, de maldad, y capricho. El pecado está simbolizado por el cuerpo del delito, como es el robo de la ajorca y el beso del coronel, y el castigo está representado con la locura de Pedro y la muerte del coronel. El método que usa Bécquer de relacionar la religión con la tentación, el crimen y el pecado, es la causa del impacto literario en sus leyendas.